domingo, julio 10, 2005

EL SENTIDO SOCIAL


El Viernes me llegó la revista Mensaje y entre los artículos encontré un comentario que hace mi amigo Jesuita y mi guía espiritual el Padre Juan Ochagavia s.j. al Libro "El Sentido Social el legado ético del Padre Hurtado" escrito por el Padre Tony Mifsud s.j.

A continuación reproduzco en forma íntegra su comentario:

"Este libro nos hacía mucha falta. Porque el “sentido social” es lo que da el toque distintivo a la santidad, pensamiento y acción del Padre Hurtado. Podríamos tener a un santo enamorado de Cristo, a un apóstol que encendiese a los jóvenes, a un pedagogo brillante, a un fundador del Hogar de Cristo; pero sin el sentido social no tendríamos al Padre Hurtado. Él fue todas esas cosas, pero con un marcado sentido social.

El sentido social es aquella cualidad que nos mueve a interesarnos por los demás, a ayudarlos en sus necesidades, a cuidar de los intereses comunes. Es la condición primera de toda reforma. El sentido social no se contenta con buscar algunos amigos para aliviar algunas cuantas necesidades. Busca llevar la moral hasta la raíz misma de las estructuras sociales y políticas. Y como no abunda en la sociedad, hay que avivarlo, educarlo, orientarlo.

Después de situarnos en el mundo de Alberto Hurtado, el libro desentraña las cinco hebras que, entrelazadas, dan fuerza y consistencia a su sentido social: Jesucristo y su Cuerpo Místico, la espiritualidad de San Ignacio, un fuerte sentido de Iglesia, la fe que exige hacerse vida y la prioridad del bien común. Es un capítulo impresionante, hermoso, profundo, en que el autor deja que las palabras del apóstol social nos iluminen la mente y nos saquen de nuestras demasiado cómodas autocomplacencias.

Los dos capítulos siguientes desarrollan las coordenadas éticas que brotan del sentido social. El cristiano tiene que enamorarse de Jesús el Cristo y trabajar con Él para la construcción del Reinado del Padre en la historia. No se trata sólo de estar con Cristo sino de trabajar con Él: ser otro Cristo, actuar hoy como Él, hacer propias las propuestas del Evangelio. Es una cristología que se hace ética, un encuentro que se traduce en compromiso. Por esto el libro habla de una moral propositiva.

En el curso de este encuentro traducido en compromiso van surgiendo los temas siempre candentes de la moral social: la justicia social como tarea de servicio al bien común, el espíritu de entrega a los demás, la denuncia de la cultura del placer y el hedonismo, la alegría de la austeridad, la responsabilidad social de los que han sido educados en colegios católicos, la mutua complementación de justicia y caridad, el salario y la empresa, la visión técnica y la mirada global que se requieren para avanzar hacia un orden mundial más humano y conforme al evangelio.

Esta obra nos muestra a Alberto Hurtado luchando por crear una “Moral Social” de conjunto, cuando ésta no existía sino dispersa en algunas páginas de encíclicas papales y otros manuales en latín. Fue pues un innovador no sólo en la línea de la acción sino del pensamiento social.

El último capítulo desarrolla el tema del sentido del pobre y la pobreza. Fue esta una intuición que con los años fue creciendo más y más en Alberto Hurtado, hasta constituirse para él en el núcleo profundo del ser cristiano, es decir, hermanos de Aquél que, siendo rico, se vació de todo para enriquecernos con su pobreza (Fil 2, 5-11; 2 Co 8, 9).

Hemos de agradecer a Tony Mifsud por este “legado ético del Padre Hurtado”. Y por la forma tan delicada con que ha sabido hacerse a un lado para dejar hablar al apóstol del sentido social. Esperamos que este libro, en lectura individual y trabajo grupal, nos acompañe a muchos para cultivar nuestro sentido social y asumir mejor nuestras responsabilidades.


Juan Ochagavía, S.J."