viernes, julio 15, 2005

Steven Jobs, Chile y la desigualdad (parte 1)


Por Carlos Huneeus, director ejecutivo del Centro de Estudios de la Realidad Contemporanea (CERC).

La desigualdad se ha convertido en un tema de moda, con el peligro que se convierta en algo a lo que hay que referirse en seminarios o actos electorales por considerarse políticamente correcto. Eso es mantener las inequidades. ¿Qué implica una sociedad menos desigual? ¿Cómo se combate la desigualdad? Hasta ahora ha predominado una mirada restringida, que pone atención en el ingreso, denunciando el hecho de que una minoría concentra gran parte de la riqueza.

La desigualdad es un problema muy complejo que requiere profundos cambios institucionales y culturales. No quiero dar cifras ni entregar citas de autores a favor de mi posición, sino relatar una experiencia personal. Asistí con mi familia a la graduación de mi hijo mayor (ingeniero industrial de la U.) como doctor en economía en la Universidad de Stanford, una prestigiosa universidad privada norteamericana de la costa oeste. El discurso principal fue pronunciado por Steven Jobs, fundador de la empresa Apple, la persona que revolucionó el uso de la tecnología al quitarle el computador a los expertos y ponerlo al alcance de las personas.

Jobs no pronunció un discurso con citas de filósofos, pintores o músicos, como lo haría probablemente un millonario chileno, sino que contó tres historias de su vida: las condiciones de su nacimiento, cómo enfrentó su vida cuando lo echaron de la empresa que él creo (la flexibilidad laboral también afecta a los poderosos, acotaría un asistente a Casa Piedra) y cómo encaró el diagnóstico de un cáncer terminal hace un año, que se comprobó era curable.

Jobs dijo que su "madre biológica" (soltera, no se sabe quién es el padre de Jobs, y sin estudios universitarios), decidió darlo en adopción a una pareja de profesionales que lo rechazó, porque querían una niña. Fue aceptado por un matrimonio que tampoco eran profesionales, y "mi madre biológica" no quiso firmar los papeles de adopción al enterarse de este hecho, que sólo hizo cuando "mis padres" se comprometieron a enviarlo al college.

Jobs abandonó la universidad al finalizar el primer semestre y siguió como alumno voluntario, tomando algunos cursos durante tres semestres: lo hizo para dedicarse, junto a un amigo, a desarrollar el computador personal en un garaje en la casa de sus padres. Uno de los cursos que reconoció le ayudaron en esta tarea no fue uno de ciencias exactas, como se pensaría en Chile, sino que uno de caligrafía. Sí, de caligrafía, porque le sirvió muchísimo en el desarrollo del el famoso ordenador portátil Macintosh, cuya belleza en el diseño de las letras sería copiado más tarde por Windows. ¡Un curso de caligrafía influyó en el nuevo mundo de los computadores!

En pocos años Apple llegó a ser una poderosa empresa con miles de trabajadores y miles de millones de dólares de ventas. Pero a los 30 años Jobs fue expulsado por el directorio y se encontró con la disyuntiva de ser o no rentista. Le compró la empresa a George Lucas, el director de cine, comenzando una nueva etapa de su vida en que desarrolló el empleo de la computación al cine. Se convirtió nuevamente en un exitoso empresario y regresó a Apple en gloria y majestad, dándole un nuevo impulso y revolucionando ahora el mercado de la música tras ver a sus hijos bajar canciones de internet.

¿Cuáles son los Steven Jobs en nuestro país? ¿Qué destino tiene en Chile un joven como Jobs, de un hogar obrero, dado en adopción, con sólo dos años de universidad? No estaría en la lista de "jóvenes líderes del futuro" que publica un periódico capitalino.

Hoy el problema de Chile no es sólo la desigualdad del ingreso, sino la desigualdad en la estructura de poder y la escasa movilidad social, que en el pasado permitió al hijo de un empleado de ferrocarriles llegar a la cima de la poesía mundial. Si esto no cambia, la desigualdad de poder será aún mayor y nuestra democracia, de mala calidad. Así no llegaremos al desarrollo en el bicentenario, ¡ni nunca!

Los chilenos quieren la igualdad. Avanzar en esta dirección es una tarea pendiente de la Concertación y también de la oposición. Veremos qué soluciones se dan en este año electoral. Jobs entrega ideas muy concretas.